El Proyecto
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«Un mensaje para Anabel» se podría definir como un proyecto «no lineal» que se expande en múltiples direcciones, tejiendo una red de intereses comunes y dibujando un espacio donde las historias se multiplican en un proceso de metamorfosis continuo; un trabajo que reflexiona sobre el poder de las imágenes y la circularidad de los procesos creativos contemporáneos
«Un mensaje para Anabel» se construye a partir de gestos mínimos y pequeños relatos personales; aquello que se ha venido a llamar «paisajes de la memoria», en minúscula. Una memoria colectiva como receptáculo del pasado en el presente, pero no como un legado único, universal e inmutable, sino como un concepto expansivo y cambiante que construimos todos con nuestra propia experiencia, y en el que tienen cabida todas las voces.
«Un mensaje para Anabel» nos plantea la posibilidad de construir una historia compartida que va de lo íntimo a lo global. Un proceso con principio pero sin final, cuyos pasos han sido los siguientes:
I. Desde hace años Juan Carlos Bracho viene realizando con su impresora doméstica pruebas multipágina como parte del proceso de producción de sus piezas fotográficas. Estas hojas, una vez impresas y pegadas entre sí, le permiten trabajar con un modelo a escala 1/1, siendo fáciles de plegar, transportar y almacenar, y con un coste económico muy bajo.
Con el paso del tiempo el artista ha ido construyendo una colección de estos multipáginas paralela a sus obras que se exponen y salen al mercado. Bocetos que, en muchos de los casos, cuelgan precariamente de las paredes de su estudio o de su casa. Algunos de ellos se han convertido en regalos para amigos, se han destruido, o simplemente han desaparecido en cualquier mudanza, y otros, incluso, se han llegado a exponer recientemente.
II. «Un mensaje para Anabel» parte de esa metodología de trabajo y del carácter acumulativo propio de su obra, realizando un profundo ejercicio de reflexión y análisis sobre los procesos de consolidación de las imágenes donde los factores privados de cada espectador-receptor cobran relevancia.
En definitiva, la intención última de este proyecto es crear una nueva pieza que sólo exista en formato multipágina. Dicha obra –con un tamaño real de 110 x 145 cm– será el único documento de un dibujo mural efímero que se distribuirá gratuitamente por medio de una web creada específicamente para este cometido. A este dominio, con versión en castellano e inglés, tendrá acceso cualquier persona interesada en recibir una copia de la edición ilimitada de «Un mensaje para Anabel». A través de un proyecto abierto, el espectador-receptor se convertirá así en copartícipe de la obra, y en ejecutor de una parte importante de su génesis.
III. En el tiempo que dure la descarga, cada solicitante recibirá día a día -en la dirección de correo electrónico facilitada en su suscripción- un fragmento numerado, formato A4, de una sección de la obra. El último envío irá acompañado de un certificado nominal con la numeración del ejemplar descargado.
Para crear su propia versión multipágina de «Un mensaje para Anabel» sólo tendrá que imprimir y pegar todas las imágenes siguiendo unas sencillas instrucciones que le serán enviadas por correo electrónico, o si lo prefiere, construir su propia versión. De esta nueva obra existirán tantos ejemplares como participantes. Un proceso de multiplicación en el que también podremos colaborar todos activamente reenviando nuestro mensaje a cuantas personas deseemos. Se tratará de crear, dibujar y construir entre todos una cadena sin fin alrededor del mundo. El resultado será una pieza que se revelará como metáfora del propio canal donde se inserta, Internet: ese universo que no es infinito, pero sí ciertamente inabarcable.
Como última parte del proyecto a cada participante se le invitará a enviar un texto y una imagen. Podrán ser reflexiones sobre el proceso o relatos personales, imágenes de la pieza ya montada o de cualquier otra relacionada con su experiencia.
Con este material se editará finalmente un libro en el que se recogerá una selección de las imágenes e historias recibidas, y un listado por orden alfabético de los nombres de todas las personas que hayan participado en el proyecto hasta la fecha de su publicación. Toda esta información se actualizará diariamente en la web, y se podrá también consultar a través de un mapa interactivo.
IV. De nuevo, como en otros trabajos anteriores del artista, el punto de partida de «Un mensaje para Anabel» vuelve a ser un gesto mínimo que se repite sin cesar. En este caso, miles de mensajes que compondrán una imagen dibujada con infinidad de trazos de un lápiz de mina multicolor (rojo, verde y azul).
Procesos metódicos y repetitivos (el dibujo y su recepción) en los que, sin embargo, el azar volverá a estar presente en la dinámica del proyecto y en el propio dibujo: un vaivén de miles de rayas en las que este y su significado se moverán sin cesar, describiendo grandes paisajes y pequeñas historias.
Un mural dibujado con tres colores, rojo, verde y azul (RGB, nomenclatura de la imagen luz) con cuyas infinitas combinaciones están compuestas todas las imágenes electrónicas que compulsivamente consumimos a través de las cientos de pantallas que diariamente atrapan nuestra mirada.
V. Entonces, ¿Qué es lo que veremos y qué significado tendrá...? «Un mensaje para Anabel» se propone como una reflexión sobre la imagen, que nos interroga sobre nuestra manera de mirar en el presente, pero también de interpretar nuestro bagaje visual y emocional. Un dibujo donde podremos encontrar tanto como estemos dispuestos a dar. Así, pues, será el receptor, con su paciencia y perseverancia, quien le otorgará su particular sentido, dependiendo de la relación que establezca con lo observado.
Una experiencia que nacerá en el pasado –en el mismo instante en el que cada persona decida participar en el proyecto– se fija en el presente y se proyectará en el futuro, y en el espacio indefinido que generan las nuevas tecnologías; un lugar donde las coordenadas parecen estar invertidas.
Sin embargo, paradójicamente, aunque «Un mensaje para Anabel» se sirva de Internet para crecer –un medio paradigma de la inmediatez y omnipresente que agiliza un incesante intercambio de información de todo tipo–, la utilización de la red será un tanto perversa, ya que se trata de un proyecto de gestación lenta que se dilata en el tiempo. Manejaremos, pues, una imagen cuya multiplicación no banalizará su significado, más bien todo lo contrario: fomentará la sensación de un pensamiento colectivo y en movimiento; y de que en el arte, como en la vida, las historias nunca terminan realmente.
Todas las imágenes enviadas (y reproducidas) independientemente de su final, serán otros tantos ecos, otras pantallas que recibirán la irradiación de un pensamiento vivo, y una reflexión sobre el acto reproductivo de las imágenes, del carácter acumulativo de estas, de su fragilidad, de sus límites y del poder que ejercen sobre nuestra conciencia.
La Exposición
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Juan Carlos Bracho rompe los muros del museo, abre una brecha y sale con su nuevo trabajo a la red de redes, Internet; es decir, al mundo. El proyecto que presenta dentro del programa «Conexiones» –comisariado por Óscar Alonso Molina– se desarrolla en paralelo físicamente en la sede del Museo ABC y on line.
«Un mensaje para Anabel» es la segunda exposición de este ciclo donde a los artistas participantes, siempre ligados al dibujo en cualquiera de sus manifestaciones actuales, se les invita a desarrollar una exposición tomando como punto de arranque la elección de un par de obras: una de la Colección Santander, y otra de los fondos del Museo ABC.
Bracho ha elegido en esta ocasión dos piezas que, en su diálogo, tensan un arco conceptual de lo muy concreto a lo genérico: de ABC llega el retrato del fundador del periódico y su colección, Torcuato Luca de Tena, realizado en abril de 1929 por la mano de Joaquín Xaudaró, mientras que de los fondos del Santander se ha decantado por un magnífico bodegón francés anónimo del siglo XVII, inscrito en el género de las vánitas.
A partir de ahí, el artista ha realizado sendos vídeos donde cien obras seleccionadas del catálogo de ambas colecciones se funden lentamente, formando una nueva imagen abstracta. Tras su exhibición, cada uno de ellos será donado por el artista para que entren a formar parte del inventario de esas mismas colecciones que parafrasean y que le han servido de inspiración.
En el siguiente paso, la exposición reflexiona sobre qué es una colección en nuestro presente, entendiéndola finalmente el artista como una red, un tejido permeable plagado de conexiones internas que deja pasar unas imágenes mientras rechaza otras, dando lugar al final a una composición particular donde cada espectador, cada usuario es una suerte de coleccionista que sobre ese «texto», nunca concluido, toma sus propias decisiones. En última instancia el artista nos induce a reflexionar sobre el poder, el significado de las imágenes y nuestra relación con ellas.
El montaje de la exposición incidirá en un particular método de trabajo de Bracho: el multipágina. Se trata de sencillas impresiones domésticas que el artista realiza como parte de la producción de sus fotografías de gran formato. Cada multipágina «trocea» estas imágenes en económicas impresiones sobre folio, que una vez pegadas entre sí ofrecen de nuevo la imagen completa. Se trata de un método de abocetar absolutamente personal que Bracho presentó al público por primera vez en este museo hace cuatro años, con motivo de su participación en La Noche en Blanco.
La obra «on line»:
El proyecto se desarrolla paralela y democráticamente en la red a través de www.unmensajeparaanabel.com. A partir de esta página web y siguiendo unas sencillas instrucciones todo el que lo desee podrá recibir gratuitamente en su ordenador día a día un fragmento de una imagen original del autor, que se completará en un multipágina que cada cual podrá montar a su gusto. Durante los días que la exposición esté abierta al público, en las salas del museo se irá completando un ejemplo de este proceso de creación donde el artista (lo particular, lo concreto) se disuelve en una autoría colectiva (lo genérico, lo universal).
«Un mensaje para Anabel» es, en definitiva, la tercera colección con la que se ha trabajado en este proyecto. Si en el caso de los fondos de ABC y de la Colección Santander la suma de todas sus partes ha generado una nueva imagen condensada y abstracta, en este caso una única imagen se abre a una infinidad de interpretaciones, según la relación que establezca con ella cada una de las personas encargadas de su configuración final.
«Un mensaje para Anabel» se propone, pues, como una imagen de naturaleza compleja que nos interroga sobre nuestra manera de mirar en el presente, pero también de interpretar nuestro bagaje visual y emocional. Un dibujo donde podremos encontrar tanto como estemos dispuestos a dar.
